2017/09/14

Navarra Euskal Herria: Historia, lengua y cultura.

Hoy en día, sobre todo en Navarra, hay muchas personas para las que la expresión “nosotros los vascos” está totalmente enfrentada, de manera excluyente, a la expresión “nosotros los navarros”, aunque para algunos sean sinónimas y para otros la segunda se incluya en la primera. ¿Somos vascos? ¿Navarros? 


Intentaré explicar esta situación...


Este artículo, traducido al polaco por mi amiga Monika Czerny, se publicó en el libro Przezwyciężanie niemożliwego : Baskowie i ich język, editado el año 2008 por la Universidad de Poznan en colaboración con la Universidad del País Vasco.



Euskaldun guztiok gara nondik edo handik nafar

Koldo Mitxelena



Laburpena:
Herri txikia izanik ere, oso konplexua da Euskal Herriaren izaera. Eta gaurko gizartearen konplexutasunaren atzean historia konplexu bat dago. Artikulu honetan saiatu gara azaltzen zertan datzan historia hori. Euskal Herri deiturak euskararen lurraldea edo euskararen jendea nahi du esan (euskaraz herri izenak bi zentzuak hartzen baititu). Dudarik gabe geure herri gisako kontzientzia guztiz lotua dago geure hizkuntzari, euskarari. Baina kontuan izan behar dugu ere euskaldunok Europar estatu bat eraiki genuela, eta estatu horren izena Nabarra izan zela. Gero estatu hori auzoko estatuek desegin zuten eta orain zaila egiten zaigu euskaldunoi nabar gisa aurkeztea gure burua. Artikuluan azaltzen dugu nola nabar kontzeptu horrek euskalduntasunari lotua dagoela bere hastapenetan, eta modu berean gure historiari eta kulturari. Horren harira azken urteotan talde batzuek Nabarra izena aldarrikatzen dute gure nazioa izendatzeko.


En euskera, dicen los gramáticos, sólo existen, originariamente, dos series, dobles, de pronombres personales: Ni(k) - Hi(k) / Gu(k) - Zu(k) [Yo - Tú / Nosotros - Vosotros]. La relación expresada mediante el signo «-» refleja los polos de la comunicación y mantiene el mismo vocalismo, mientras la relación expresada por «/» es mucho más compleja. No es una mera pluralización, no es un yo al que se añade una marca de plural, es algo distinto que formalmente exige un vocalismo distinto. Es también algo indefinido. No es “yo quién hablo” o “tú a quien hablo”, que entran dentro de una perspectiva lingüística[1]. Se pone aquí de manifiesto la base de la cultura, el juego entre lo individual y lo colectivo. Porque el nosotros no puede escapar de la esfera del yo ni el yo de la esfera del nosotros. El nosotros es a la vez un todos, un muchos y un algunos. Un algunos, o sea, los familiares, los amigos, los conocidos, los vecinos, los paisanos. Un muchos: los navarros, los polacos, los inuit, los mapuche, los que hablamos euskera, los que hablamos polaco, los estudiantes, las trabajadoras del hogar, las mujeres... Un todos: los llamados seres humanos.

El nosotros es siempre una construcción cultural, ideológica, histórica, institucional. Un caso paradigmático de construcción del nosotros es la nación. En la actualidad este concepto está ligado a la idea de Estado, o lo que es decir lo mismo, en esta época en que el Poder social se impone por la fuerza del Estado-nación, el Estado hace suyo, toma para sí, el concepto de nación. Pero simultáneamente conviven con esta apropiación ideológica de la idea de nación, comunidades, conjuntos de personas, que se reconocen a sí mismas en un nosotros que caracterizan como nación sin Estado. Este es nuestro caso.

Esta contraposición ideológica es posible rastrearla incluso en el ámbito de la lexicografía. En el Diccionario de la Real Academia de la lengua española, la lengua oficial del Estado Español que debe ser conocida por todos sus ciudadanos por mandato constitucional, Nación viene definida de la siguiente manera:

(Del lat. natĭo, -ōnis).
1. f. Conjunto de los habitantes de un país regido por el mismo gobierno.
2. f. Territorio de ese país.
3. f. Conjunto de personas de un mismo origen y que generalmente hablan un mismo idioma y tienen una tradición común.

Vemos que la primera acepción esta focalizada por la idea del Estado a través de la expresión ‘el mismo gobierno'. La idea central es el gobierno, los gobernados y el territorio que se controla. Secundariamente, en la tercera acepción se incluyen otros factores.

No disponemos todavía de un equivalente a este Diccionario para el euskera, por lo que hemos acudido a la Enciclopedia más utilizada en este idioma, Harluxet, donde encontramos la siguiente definición:

1. Lurralde jakin batean bizi diren eta etnia, hizkuntza, historia eta ohitura berak dituzten pertsonen multzoa, bere burua berezko nortasuna duen talde etniko eta politikotzat hartzen duena.
2. (hedaduraz) Gobernu beraren menpe dauden herrialde bereko biztanleen multzoa.
[1. Conjunto de personas que viven en un territorio determinado, que tienen la misma etnia, lengua, historia y costumbres, y que se consideran a sí mismos con una identidad propia como grupo étnico y político.
2. (Por extensión) Conjunto de habitantes de un mismo territorio bajo la autoridad de un mismo gobierno.]

Aquí la idea de Estado pasa a un segundo lugar e incluso se especifica que se trata de un deslizamiento semántico a partir de la primera acepción. Lo que se prioriza, la idea matriz es que existen una serie de cuestiones expresadas por los términos historia, idioma, etc., susceptibles de ser compartidas por un conjunto indeterminado de personas que habitan en un territorio concreto. Estas cuestiones aunque de una manera algo más difusa aparecen también en la que hemos visto era la idea secundaria en el Diccionario de la RAE. Estos términos aparecen también reflejados en el título de este artículo, lo cual no es por casualidad, y sobre ellos hablaremos más tarde.

Nosotros somos una nación sin Estado, lo cual lleva a mucha gente a pensar que no somos una nación. Y además estamos divididos entre dos Estados, que nos niegan, desde luego, nuestro caracter nacional. Dentro del Estado Español, donde se nos reconoce cierta oficialidad, estamos divididos en dos estructuras administrativas, llamadas comunidades autónomas, diferentes. Por un lado Euskadi, por otro lado Navarra. Se achaca aquí comunmente al Estado, o a los Estados, esta situación de división, pero, sin negar que el Estado (los Estados) trabaja(n) con todas sus herramientas para fomentar esa división, sin embargo las cosas son bastante complejas.

Lo cierto es que es que no hemos articulado un nosotros en el que la mayoría de la gente se engarze. No podemos decir que hayamos llevado a efecto la construcción simbólica de la comunidad. De hecho, ni siquiera tenemos un nombre que nos identifique como nación. Hoy en día, sobre todo en Navarra, hay muchas personas para las que la expresión “nosotros los vascos” está totalmente enfrentada, de manera excluyente, a la expresión “nosotros los navarros”, aunque para algunos sean sinónimas y para otros la segunda se incluya en la primera. ¿Somos vascos? ¿Navarros?

Intentaré explicar esta situación.

Resulta que nosotros hemos tenido nuestro propio Estado. Desde mediados del siglo XII nuestro Estado se llamaba Reino de Navarra. El rey Sancho VI el Sabio ejercía su potestad sobre el conjunto de territorios de población vasca al sur de los Pirineos. Hasta esa época el corónimo utilizado para nombrar esa institución era reino de Pamplona, pero en 1162 se registra el primer documento que utiliza de forma oficial la nueva denominación: «Regnante rege Sancio in Navarra...».

La documentación de la administración del reino se escribía en latín, pero en un documento que lleva el sello de este rey, fechado en 1167 se lee: «... quod Orti Lehoarriç faciet ut lingua navarrorum dicitur unamaiçter...», esto es, «... que Ortiz Lehoarriz pondrá, como se dice en la lengua de los navarros, un mayoral de pastores...». La lengua de los navarros como el lector avezado puede comprobar es el euskera.

El historiador José María Lacarra decía[2] al referirse a los fondos documentales medievales navarros que se vislumbraba a través de ellos “el pasado de un pueblo que se expresa por escrito en un  idioma que no es el que habla, y que el suyo se le escapa a través de los documentos”. Aún así en esa documentación que él estudió y transcribió aparece información muy valiosa sobre el euskera medieval (“topónimos, nombres de persona, apodos y alguna palabra suelta”)[3] y, lo que nos interesa en este momento, la identificación de esa lengua, que en algunos textos monacales es calificada de lengua de los campesinos[4], con un etnónimo que procede de la Antiguedad clásica, vascones, del que derivan, tras una complicada trayectoria, los que hoy sirven mayoritariamente para denominarnos en la mayoria de los idiomas europeos: vasco, basque, baskijski, bascais, baskisch, baskiska...[5] En documentos del monasterio de Leyre de 1060 y 1085,«Unam terram que est in loco quod dicitur in basconea lingua Mussiturria» (una tierra que está en el lugara llamado en lengua vascona Mussiturria); «Vineam que est in loco quem bascones vocant Ygurai mendico» (viña que está en el lugar que los vascones llaman Ygurai mendico).

De esta identificación surge la denominación vascuence para el euskera (baskontz, 1288; basconz, 1300; lingua basconcii, 1376; bascuentz, 1276; bascuenç, 1349; bascuenz...) seguramente a partir de la expresión vasconice loqui 'hablar a lo vascón, a la manera de los vascones' que será a la larga la predominante en la documentación en lengua romance posterior. De esta denominación surge el adjetivo vascongado para denominar al vascohablante, como equivalente de euskaldun. Todo este léxico lo encontramos en el Fuero General de Navarra, la primera Constitución del reino, escrita en el siglo XIII, que contiene palabras y expresiones euskéricas, en ocasiones integradas sin más en el texto: «De casa deven yr a la veylla o el echaiauna o ela echandra». En otras ocasiones se especifíca: «Hay otra pecha que es clamada alfonsadera, en basquenz ozterate» (...) «en logares en la cayll, que dice el bascongado erret bide» Y también «Et por tal ferme dize el navarro gayces berme.» (...) «Otrossí (...) don dize el navarro ones berme»[6].

Vemos pues que el apelativo navarro tenía un contenido lingüístico que lo hacía sinónimo de vascongado o hablante del euskera. De esta manera hay que entender las referencias a los navarros que aparecen en distintas cartas fundacionales de ciudades como Estella (1090) y San Sebastián (1150) que hacen referencia siempre a la población autóctona euskaldún, asi como la denominación Navarrería de un barrio de Pamplona que debía estar poblado por vascohablantes monolingües, frente a los barrios de San Cernin y San Nicolás, donde habitaba población franca procedente del Sur de Francia, que hablaba en lengua occitana. Incluso en comarcas periféricas o entre colectivos específicos aparece el apelativo navarro para denominar al euskaldún, al portador de la lengua navarra[7].  Así se explica la abundancia de este apelativo en la comarca de La Ribera, situada en el valle del Ebro, en el extremo sur de Navarra, donde la lengua vasca era seguramente minoritaria. En el Libro del monedaje de Tudela de 1353, que es una especie de censo para el cobro de un impuesto, lo vemos aplicado incluso a gentes de religión musulmana como es el caso de los moros de Ribaforada Audella Navarro, Alhag de Navarro, Yuçe Navarro, Mahoma Navarro, Ybraym Navarro, y Hamet de Navarro, o de los moros de Cascante Mahoma Navarro e Yça Navarro. En este sentido no es sorprendente que se denomine así a personajes judíos de Pamplona, como Jento  Navarro y Salomon Nafarro, que vivirían en un ambiente euskaldún[8]. De esta manera también se puede entender que en el año 1237 la ciudad de Tudela, integrada en el Reino desde el año 1119 (ya que anteriormente, desde el siglo VIII, había formado parte de Al-Andalus, el territorio peninsular bajo dominación musulmana) identificara a Navarra como comarca distinta de la propia, lo cual era cierto desde el punto de vista lingüístico[9].

El etnónimo navarro había aparecido por primera vez en las fuentes históricas en los llamados anales carolingios, entre los siglos VIII y IX. Se llama así al conjunto de crónicas escritas alrededor de la figura y los hechos históricos protagonizados por el rey franco Carlomagno, y su familia, que pretendió restaurar el Imperio Romano de Occidente. En estas crónicas se nombra por primera vez a los navarros en relación con la batalla de Orreaga o Roncesvalles acaecida en el año 778, que tuvo una gran repercusión en todo el Occidente a través del poema épico La chanson de Roland, escrito a finales del siglo XI. Los anales estaban escritos en los monasterios por distintas manos, y en las copias de los manuscritos se iban interpolando sucesos acontecidos o versiones nuevas, etc., por lo que la información que nos ha llegado es bastante confusa, incluso el alcance de los nombres geográficos es muy impreciso.  Esto lo veremos en los acontecimientos que nos conciernen[10]:

En los anales Mettenses (muy propagandísticos a favor de Carlomagno) se dice que en el año 778 Carlomagno llegó a la ciudad de Pamplona (ad Pampilonam urbem pervenit), que fue conquistada y destruida (Pampilona firmissima civitate capta atque destructa) y sometidos los hispanos, los wascones[11] y los navarros (Hispanis, Wasconibus et navarris subiugatis). Aquí no se menciona su derrota, sino que regresó victorioso a su patria.

En los Anales Laurisenses se dice que destruida Pamplona (Pampilona distructa) son sometidos los hispano-wascones y los navarros (Hispani Wascones subiugatos, etiam et Navarros). Este dato concuerda con el cosmógrafo de Rávena que en el siglo VII había diferenciado Spanoguasconia (Vasconia hispana) de Guasconia “quae antiquis Aquitania dicebatur”[12].

En los Anales escritos por el monje Eginhardo, ya tras la muerte de Carlomagno en el año 814, se dice que el ejército franco pasa los Pirineos por la región de los wascones (in regione wasconum Pyrinei iugo) y que la ciudad de Pamplona era de los navarros (Pampelonem Navarrorum oppidum adgressus) y que después de destruir sus murallas, de vuelta a su patria, los wascones le estaban esperando en lo más alto de los Pirineos (in cuius summitate wascones insiddis colocantis), y le hicieron encajar una severa derrota. Después se dice que el territorio de los navarros llegaba hasta el nacimiento del río Ebro (apud navarros ortus), y aunque la referencia geográfica no sea exacta, puede aplicarse al conjunto de los territorios de habla vasca.

Los anales fuldenses mencionan también la destrucción de Pamplona y el sometimiento de wascones y navarros (wasconibus et nabarris subactis revertitur in Franciam).

En la Vita Ludovici Pii escrita por un autor que es denominado Astrónomo se narra también la batalla de Roncesvalles y al hablar de una rebelión de los vascones dice "los vascones de nuestro lado que viven en la zona pirenaica” (sed et Wasconum citimi, qui jugi propinqua loca incolunt).

Podemos observar pues que no está muy definida la entidad  de vascones y navarros. Por un lado parece que se sigue una tradición que sitúa a los vascones a ambos lados de los Pirineos, y donde aparece un grupo humano denominado navarro que no es muy bien definido, y por otro lado sobre todo en la obra de Eginhardo se sitúa a los navarros al sur de los Pirineos y a los vascones al Norte. Esta es la fórmula de denominación que encontraremos en una obra del siglo XII que tuvo mucha repercusión en la historiografia europea, fórmula que se mantuvo hasta el siglo XVII.

Se trata del Liber Sancti Iacobi (Codex Calilixtinus), conjunto de textos escritos en torno al fenómeno europeo de las peregrinaciones medievales a Santiago de Compostela (Galiza). En esta obra se diferencia a los navarri de los bascli. Aquí el término vascones ha sido sustituido por bascli[13], pero expresa la misma diferenciación que estimabamos en Eginhardo. Pero a pesar de esta diferenciación se dice que son de una misma naturaleza y cualidad[14]:

"Navarros y vascos tienen características semejantes en las comidas, el vestido y la lengua, pero los vascos son de rostro más blanco que los navarros. Los navarros se visten con ropas negras y cortas hasta las rodillas como los escoceses y usan un tipo de calzado que llaman abarcas, hechas de cuero con el pelo sin curtir, atadas al pie con correas y que sólo envuelven las plantas de los pies, dejando al descubierto el resto. Gastan, en cambio, unos mantos negros de lana que les llegan hasta los codos, con orla, parecidos a un capote, y a los que llaman sayas. Como se ve, visten mal, lo mismo que comen y beben tambien mal, pues en casa de un navarro se tiene la costumbre de comer toda la familia, lo mismo el criado que el amo, la sirviente que la señora, mezclando todos los platos en una cazuela, y nada de cucharas, sino con las propias manos; y beben todos del mismo jarro. Cuando les ve uno comer, le parecen perros o cerdos. Y oyéndoles hablar, te recuerdan los ladridos de los perros, por lo bárbaro de su lengua. A Dios le llaman urcia, a la madre de Dios, andrea Maria, al pan orgui, al vino ardum, a la carne aragui...".

Como se puede apreciar el autor de este texto no apreciaba precisamente a los navarros. El autor de estos textos era franco, y parece transmitir los odios acumulados por los francos establecidos en el camino de Santiago contra la población autóctona, aunque también hay que considerar la tradición anti-euskaldun de las fuentes francas, producto de la resistencia de los vascones a la dominación carolingia[15]. De cualquier forma, nos ofrece el primer vocabulario conocido de la lengua vasca y nos permite conocer importantes datos etnográficos sobre ellos. Es tajante su afirmación de que son un pueblo diferente de todos los demás en sus costumbres y en su naturaleza, aunque en esta afirmación, así como en la propia división de navarri y bascli hay un grado alto de componente ideológico.

Se distingue aquí entre el Tellus Navarrorum o territorio de los navarros que corresponde al de los euskaldunes peninsulares y el Tellus Basclorum que corresponde al situado al norte de los Pirineos. De esta forma vemos que se califica explicitamente de comarcas navarras a Vizcaya y Alava[16], que hoy en día forman parte de Euskadi. Además las fronteras con Castilla no se sitúan en el rio Ebro sino en los montes de Oca en la provincia de Burgos, lo cual concuerda con las investigaciones lingüísticas que sitúan en esa comarca la frontera del euskera en el siglo XIII.

Curiosamente las fuentes hispanas[17] no empiezan a utilizar el término navarro hasta bastante más tarde que los cronistas francos. No aparece en las dos grandes obras historiográficas de la monarquía asturiana, la Crónica Albeldense y la Crónica de Alfonso III, escritas en los últimos años de siglo IX (la primera con notas sobre los reyes de Pamplona datadas hacia el año 976[18]), tampoco en la Genealogías de Roda escritas a finales del siglo X, que aportan abundante información sobre los reyes de Pamplona. No es hasta la Historia Silense, escrita en el segundo decenio del siglo XII por un monje de Silos que manejó los anales de Eginhardo que no aparece el etnónimo navarro precisamente describiendo la batalla de Roncesvalles cuando se cuenta que al regresar Carlomagno de Hipania intentó destruir Pamplona, plaza de los moros[19] (Porro cum in reditu Pampiloniam, Maurorum oppidum) y al cruzar los Pirineos los navarros le atacaron desde las alturas (Navarri de super incursantes agredientur). Posteriormente se dice que el rey Fruela (757-768) dominó a los sublevados navarros (domuit quoque Navarros) y allí tomó esposa llamada Munnia[20]. Por lo demás otras veces habla de los pamploneses, Pamplona, etc.

Es difícil precisar los motivos de este décalage. Podríamos suponer que en los manuscritos carolingios se han producido interpolaciones tardías, o al menos interpolaciones posteriores a las primeras redacciones, algo que es congruente con el modo en que fueron transmitidos. Esto nos diría que en el año 778 todavía no era conocido ese etnónimo, pero no nos dice cuándo apareció, a partir de qué fecha podemos hablar de un grupo social que se identifica con ese nombre. Por otra parte la omisión de ese nombre por parte de las fuentes del reino asturiano es factible explicarla con un verbo moderno, ningunear.  Significa acallar, no significar, no nombrar algo que no se desea que exista. Los monarcas asturianos se autorepresentaban como herederos de la monarquía hispana visigótica y no admitían la presencia de otra fuente legitimadora de poder. Sus crónicas si que hablan de los vascones, aunque generalmente refiriéndose al pasado. La crónica Albeldense (año 883) relata los enfrentamientos contra los vascones de los reyes godos desde Eurico (466-488) hasta la fecha de redacción, cuando utiliza para ensalzar la gloria guerrera del rey Alfonso III, reinante en aquel momento, la expresión “valiente contra los vascones” (fortis in Vascones)[21].

Buscando otros datos históricos que pudieran precisar la época de aparición del vocablo navarro, podemos acudir a los datos de la toponimía, con las precauciones que la materia requiere. Tenemos una serie de poblaciones en la Península que son fundadas en el proceso de repoblación asociado a la extensión de los reinos cristianos sobre territorio en manos musulmanas. Muchas de esas poblaciones llevan el nombre del grupo étnico que efectúa la repoblación. Los nombres conmemorativos de nuevas poblaciones repobladas por euskaldunes se forman en gran parte con el apelativo Báscones. Hemos de destacar que los más cercanos a Navarra, los primeros fundados, se escriben con b-, todos ellos en las provincias de Burgos, Soria, Asturias y uno en Galicia. A este grupo pertenecen: Villabáscones, Bascuñuelos, Basconcillos, Báscones, Bascuñana, Bascos y Bascois, este último en Galicia. En cambio, los más lejanos, cuando la conquista iba muy avanzada, se ven con v-, como los de Galicia, Portugal y Toledo. Podemos citar de este segundo grupo, Vascos, Vascons, Vasconcellos y Vascao en Portugal; Vascos en Toledo. Pero en 950 aparece Villa Vascones cerca de Burgos, con v- y en León, en el siglo XI, existía Uascones también denominada Villa Uascon.

Por otra parte según el historiador Ricardo Cierbide durante el reinado de Alfonso I, rey de Pamplona y Aragón, en el primer tercio del S.XII,  diversos contingentes militares navarros se asentaron en el valle del Duero hasta Salamanca dando lugar a las poblaciones de Narros en Soria (Narros de Cuéllar, de Saldueña, del Monte, del Castillo, del Puerto, de Matalayegua), Narrillos (del Rebollar, del Valduncial, del Alamo, de San Leonardo) en Ávila y Salamanca. También encontramos otras poblaciones con el componente Naharros y Navarros.

Vemos que le etnónimo navarros debía estar ya bien afincado a comienzos del siglo XII, cuando aparece la primera mención en la Historia Silense, pero también tenemos el dato de que los primeros movimientos de repoblación peninsulares no nos dan cuenta de él sino del etnónimo vascones.

Por otra parte el nombre Nabarra, y su variante Nabar, fué ampliamente utilizado como antropónimo hasta el siglo XVI. Se encuentra documentado por primera vez, dona Nabarra,  en el monasterio de Iratxe el año 1198.

Respecto a la etimología de Navarra se han ofrecido distintas hipótesis. La más clásica, defendida ya por José Moret y Arturo Campión, historiadores del siglo XVII y XIX respectivamente, es la que la relaciona con naba “llanura próxima a las montañas, vertiente, barranco” más el sufijo -ar “natural de”, con lo que se querría caracterizar a los habitantes de la Cuenca de Pamplona en contraposición a los habitantes de los valles pirenaicos. El historiador contemporaneo Martín Duque, que toma en consideración que en algunas crónicas aparecen diferenciados navarros y pamploneses, realiza una asimilación de los Navarri a los aratores, en base al significado de nabar ‘reja de arado’, mientras los Pampilonenses se referiría a la aristocracia local. Según esta opinión el término navarri haría más bien referencia a un grupo social específico que a un grupo étnico. Por otro lado la raíz nabar también ha sido interpretada como ‘pedregal’, estando presente en distintos topónimos pirenaicos como Benabarre, Navarrui, Navarri, Navarrué, Navardún o Navarra. Por su parte el euskerológo Jean-Baptiste Orpustan[22] dice de nabar  que en el léxico antiguo ha debido nombrar la paleta de colores intermedios y cambiantes alrededor del ‘verde’, y que ha dado sin duda su nombre a Navarra,“quizás porque en ella se mezclan las tonalidades oscuras de las zonas atlánticas montañosas y boscosas a las que el nombre convendría directamente y las más claras y secas del valle mediterráneo del Ebro”. También indica su aparición en toponimia bearnesa remitiendo según él al nombre del Reino de Navarra y a su empleo como nombre étnico.

Es interesante la opinión del lingüista Alfonso Irigoyen que documenta Nabar en Bearne[23] (1338 Guilhem Nabarr, Guilhem Navar), afirmando que está bien atestiguado en area vasca como nombre de persona, pudiendo ser el equivalente del apellido Pardo[24]. Quizás podríamos asimilar este sentido de nabar con la afirmación del autor del Liber Sancti Iacobi de que “los vascos son de rostro más blanco que los navarros”, y pensar que el apelativo surgió a partir de la necesidad (ideológica) de diferenciar a los vascones del sur y del norte.

Existen más explicaciones, unas más fantasiosas que otras, pero como vemos las más coherentes encuentran su etimología en la lengua vasca.

Sea como sea, resta incierto el origen de los términos navarri y Navarra, de modo que no se pueden extraer conclusiones históricas a partir de su consideración. Lo que si parece estar claro es que la actual denominación en euskera, Nafarroa, procede del primitivo Nabarra. El gentilicio que hoy utilizamos en las formas nafar/napar ‘navarro’ decía Alfonso Irigoyen “que con toda evidencia, ambas variantes son continuación de aquella [nabar], si se tiene en cuenta que la -b- pasó a -f- por ultracorrección, que modernamente alterna con -p-”. Para la forma Nafarroa, que ya encontramos en Axular, Jean-Baptiste Orpustan postula una sucesión directa del castellanizado “nafarro”, aunque otros sugieren la presencia del sufijo -oa, presente también en topónimos como Gipuzkoa, Aezkoa, Zuberoa, etc., u otra explicación intra-vasca.

Respecto al término vascones ya hemos indicado que procede de la antiguedad latina. En la visión del mundo de los romanos la cadena de los montes Pirineos seguía una orientación sur-norte y cuando llegan a los territorios de lo que hoy llamamos Navarra Euskal Herria, lo hacen por dos vías diferentes: Por el Oeste (de ellos) a través del Valle del Ebro y por el Este (de ellos) a través del territorio de la Galia. Estas dos vías diferentes de penetración hará que establezcan una división en los montes Pirineos, que quedará fijada como frontera administrativa dentro del Imperio Romano, aunque sabemos por un conjunto de datos lingüísticos, etnográficos y arqueológicos que los Pirineos no eran una frontera sino un nexo de unión para los pueblos que habitaban a sus pies. El caso es que al Norte (nuestro) de los Pirineos los romanos situarán a los aquitanos, Y al Sur (nuestro) situarán a los vascones. Julio Cesar sitúa a los aquitanos entre el Rio Garona, los Pirineos y el océano, y dice que son diferentes de los Galos, que en su lengua se llaman Celtas, (qui ipsorum lingua Celtae, nostra Galli) por el idioma, las costumbres y las leyes (lingua, institutis, legibus inter se differunt). Con el Imperio el referente geográfico aquitano se ampliará hasta abarcar todo el Sudoeste de la Galia, pero en el siglo IV los habitantes de la antigua Aquitania conseguirán separse de sus vecinos galos y crear la Provincia Novempopulana. En el siglo I el geógrafo griego Estrabón afirmó que en lengua y aspecto los aquitanos eran distintos de los galos pero similares a los íberos. Esta afirmación ha sido entendida de distintas maneras, pues no se sabe si Estrabón se refería a los íberos propiamente dichos, es decir a los hablantes de la lengua íbera, o a los habitantes de Iberia en general, por lo que algunos han estimado que la similitudes se debían atribuir a los vascones y otros vecinos peninsulares.

Los principales autores latinos de los que obtenemos noticias de los vascones son Tito Livio, Estrabón y Ptolomeo. Al historiador Tito Livio (c. 50 ane-17) debemos una de las primeras[25] referencias históricas a este pueblo, que lo sitúan en la zona del Valle del Ebro ( ...per vasconum agrum ducto exercito... ). Los geógrafos grecorromanos Estrabón (64 ane- 19) y Ptolomeo (c. 85 - c. 165) nos aportan datos sobre las ciudades, las calzadas, los modos de vida, etc., de manera que a partir de estas informaciones se han podido trazar mapas de los territorios atribuidos a cada pueblo. Pero resulta muy dificil precisar a que realidad social concreta se refieren al nombrar estos pueblos (populi). No sabemos hasta qué punto hay que aplicarles una conceptualización étnica. Tampoco se puede darles un contenido político unitario, pues se ignoran las formas de soberanía indigena, la subordinación de unos núcleos a otros o los límites de esos poderes. La naturaleza misma de los datos, fragmentaria, ambigua, difusa, oscura a veces, ha dado lugar a numerosas controversias, algunas ya superadas, otras absurdas, otras necesarias. Teniendo esto presente podemos decir que  los límites que estos autores latinos dibujan para los vascones marcan unas fronteras similares a las de la actual comunidad autónoma de Navarra, aunque por el Norte tenía una salida al mar por Oiasso (actual Irún y Hondarribia), por el sur se extendía por la margen derecha del Ebro llegando a la divisoria de aguas de los rios Duero y Ebro, y siguiendo el curso de este río llegaba hasta cerca de Zaragoza y por el este ascendía hasta los Pirineos. En la articulación de este espacio tuvo mucha importancia la fundación de Pamplona, que en lengua vasca es llamada Iruñea ‘la ciudad’, ya que cuando se consolida el reino de Pamplona en el siglo X como hemos visto, sale a la luz la pervivencia de una lengua prerromana y preindoeuropea.

Recapitulando: en 1162 existía una nación con un estado, una  lengua, un territorio, una historia, unas costumbres propias, etc.

En 1200 se produjo un hecho histórico que a la larga conllevaría la imposibilidad para esa nación de mantenerse soberana entre las naciones-estado europeas. El reino de Castilla conquisto militarmente Araba, Gipuzkoa y el Duranguesado que en aquella época llegaba hasta Bilbao, y las tierras de habla vasca ya no volvieron a estar más unidas. Eso debilitó a Nabarra, que acabó siendo conquistada por Castilla en 1512, aunque el reino se mantuvo independiente durante un siglo más en una porción al norte de los Pirineos, y al euskera.      Navarros y vascos empezaron a verse como pueblos separados e incluso el euskera pareció dividirse en dos lenguas:

Ya en 1272 "General Estoria" mandada escribir por Alfonso X el Sabio de Castilla y que pretendía contar la historia del mundo se afirmaba "De los linages de Japhet que poblaron Europa ouo y muchos de ellos que usaron de la lengua que dezimos latina e otros que ouieron otros lenguajes. Los griegos han el suyo apartado (...) et otrossí los vascos e los nauarros".

En 1492 Nebrija, ideólogo castellano,  escribía en el prólogo de su Gramática Castellana: "I cierto assí es que no sola mente  los enemigos de nuestra fe que tienen la necessidad de saber el lenguaje castellano, mas los vizcainos, navarros, franceses, italianos i todos los otros que tienen algún trato i conversación en España y necesidad de nuestra lengua".

En la ciudad de Huesca, en el Pirineo aragonés las Ordenanzas municipales del  año 1349  prohibían a los “corredores” municipales (intermediarios en las compra-ventas) utilizar en su trabajo la lengua árabe (algarabía),  hebrea (abraych), o el euskera (basquenç), lo cual prueba que dichos idiomas, junto al romance, que se hablaban en aquella ciudad[26]. Pero en un documento del año 1561 se recoge una prohibición similar a los corredores de la “Cofradía de los mercaderes”, en la que el euskera es dividido en bizcayno y nabarro.

Pero incluso dentro de la antigua nación iran surgiendo dos historiografías, dos visiones del mundo, dos ideas nacionalitarias separadas, dos nosotros. Un nosotros vasco-cántabro-vizcaíno cuyo pionero es Esteban de Garibay (1533-1600) con su obra Quarenta Libros del Compendio Historial (1556-1566), y que llega hasta Sabino Arana y el nacionalismo vasco y un nosotros navarro cuyo precursor es Arnaud Oihenart (1592-1667) con su Notitia utriusque Vasconiae (1638), que llega hasta Arturo Campión y la Asociación Euskara de Navarra.

En el siglo XX parecía que ambas visiones habían logrado converger para poder salvar al euskera y al pueblo del euskera del exterminio, pero...


Nota Bene: Euskaltzaindia, la academia de la lengua vasca, en una norma publicada el 23 de julio de 2004 dice:

Araba, Bizkaia, Gipuzkoa, Lapurdi, Nafarroa (Beherea eta Garaia) eta Zuberoa batera izendatzeko erabil bedi Euskal Herria izena.
[Para denominar conjuntamenta a Alava, Vizcaya, Guipúzcoa, Labort, Navarra (Baja y Alta) y Sola utilícese el nombre Euskal Herria.]

Espero que el lector haya comprendido por qué nosotros preferimos llamar a nuestra nación, Nabarra o Navarra Euskal Herria.







[1] Hay idiomas que diferencian entre un nosotros inclusivo que incluye al (a los) receptor(es) y un nosotros exclusivo, que lo(s) excluye. No se pretende aquí un analisis exhaustivo del tema, sino sólo mostrar el lugar del que se parte en todo proceso de construcción de una idea nacionalitaria.
[2] Lacarra, José María, Vasconia Medieval. Historia y Filología, San Sebastián, 1957, p. 9.
[3] Esta documentación fue estudiada por Koldo Mitxelena en Textos históricos Vascos, Minotauro, Madrid, 1964.
[4] En un documento de donación de 1046: «quendam montem qui dicebatur rustico vocabulo Ataburu» (cierto monte denominado con vocablo rústico Ataburu). En un texto de 1079: «Soto uno qui dicitur a rusticis Aker Çaltua. Nos possumus dicere Saltus ircorum, Soto de ueco» (Un soto al que los rústicos llaman Aker Çaltua). El adjetivo rústico derivado del latín rus ‘campo’ fue aplicado a la población campesina y a sus hablas, en este caso a los vascohablantes
[5] Se desconoce la etimología de vascones. Se ha asociado al nombre del euskera en esta misma lengua, pero de manera imprecisa. Además la primera documentación de las voces euskera y Euskal Herria son del siglo XVI.
[6] Mitxelena, Koldo, Textos arcaicos vascos, Minotauro, Madrid, 1964, pp. 51-56
[7] Sainz Pezonaga, Jabier, “Antroponimia medieval euskérica en la Ribera tudelana” in Fontes Linguae Vasconum. Studia et documenta, Nº 93, Mayo-Agosto 2003, Institución Principe de Viana, Pamplona, pp. 337-342. En Internet www.euskalnet.net/jabiersainz
[8] Téngase en cuenta que entre las familias judías más importantes de Pamplona estaban los Ederra, como en Estella los Ezquerra, de apellido euskaldún.
[9] En Yanguas y Miranda, José, Diccionario de Antigüedades del Reino de Navarra, Institución Príncipe de Viana, Pamplona , 2000 [1ªed. 1840], pp. 645 y1096, se transcribe un documento de 1237 donde se habla de «los ommes que fueron á Navarra demandando consello...». En esta misma obra se apunta un documento de otra población cercana a Tudela, Peralta, sin fecha, que el autor supone del siglo XII, en el que, al relacionar a ciertas personas de apellido euskérico se las considera procedentes de Navarra: «Garcia Elhiart, venit de Navarra (...) Sancia Zuria, venit de Navarra...».
[10] Cf. Pérez de Laborda, Alberto: Guía para la historia del País Vasco hasta el siglo IX, Txertoa, Donostia, 1995.
[11] Según Bernardo Estornés Lasa, que ha estudiado el tema de la grafía del étimo vascones, la tendencia a escribir con v- es propia de los latinos, la tendencia a escribir con w- es de los germanos, y la tendencia a escribir con b- es de los iberos, árabes y vascos romanizados. Detrás de estas exteriorizaciones escritas existía, indudablemente, el modelo oral que no sería exactamente ni /v/, ni /w/, ni /b/.
[12] El nombre de Vasconia aparece por primera vez en el año 602. A partir de una pronunciación germánica Wasconia derivaría en Guasconia, hoy en día Gasconha (Gascogne en francés, Gascuña en castellano). Al perderse la lengua vasca en la mayor parte de la primitiva Aquitania, la lengua derivada del latín propia de este territorio, que guarda una gran influencia de su sustrato vasco, se llamó gascón. En euskera, al Norte de los Pirineos, gaskoi o kaskoi pasó a ser sinónimo de erdaldun, hablante de una lengua extraña. 
[13] Se trata de un derivado del latín uasco, utilizado ya por los poetas latinos, que como advierte Mitxelena (1984) “no es sino el caso recto, desprovisto conforme a un esquema frecuente en esa lengua de la nasal de otros casos, entre los cuales se cuentan todos los del plural, incluido el nominativo-vocativo”.  En los anales carolingios encontramos a menudo el apelativo wasco para especificar la ascendencia de determinados personajes. El nominativo plural es reinterpretado como vasci/basci. En la aparición de la lateral se ha querido ver la influencia de la voz euskal, forma en composición de euskara, lengua vasca en esta lengua, aunque esto es muy dificil de precisar.
[14] “Navarri et bascli unius similitudinis et qualitatis, in cibis scilicet et vestibus et lingua, habentur, sed Bascli facie candiditores Nauarris approbantur. Navarri pannis nigris et curtis usque ad genua tantummodo, Scotorum mode, induuntur et sotularibus, quos lavarcas vocant, de piloso corio scilicet no confesto factas, corrigiis circa pedem alligatas, plantis pedum solummodo involutis, basibus nudis utuntur. Palliolis vero laneis, scilicet atris, longis usque ad cubitos, in effigien penule fimbriatis, quos vocant saias utuntur. Hi vero turpiter vestiuntur et turpiter comedunt et bibunt. Omnes namque familia domus Navarri, tam servus quam dominus, tam ancilla quam domina, omnia pulmentaria simul mixta in uno catino, nom cum coclearis sed manibus propiis, solet comedere, et cum uno cipho bibere. Si illos comedere videres, canibus edentibus uel porcis computares. Siqut illos loqui audires, canum latrancium memorares. Barbara enim lingua penitus habentur. Deum vocant urcia; Dei genitricem andrea Maria; panem orgui; vinum ardum; carnem aragui...”.
[15] En lós anales carolingios citados aparecen numerosas referencias a esta resistencia.
[16] “En ciertas regiones de su país, en Vizcaya y Alava, cuando los navarros...” (In quibusdam horis eorundem , in Biscaglia scilicet et Alava, dum Navarri...).
[17] Nos referimos a las fuentes cristianas. Las fuentes musulmanas mencionan Al-Baxkenex, Al-Baxconex (Ibn Adhari), al-Baskunisi, baskunis (Ibn Hayyan, El Yacubi, Yacut). Al Masudi nos da uasxcones y uascones. Al euskera se le llama Bashkiya
[18] En ellas, aunque sólo en algunos manuscritos, se afirma que el año 905  un rey de nombre Sancho Garcés (Rex nomine Sancio Garseanis) surgió en Pamplona (surrexit in Panpilona), sometió a su ley la tierra de Pamplona y ¿Alava? (Arbam namque Pampilonensem suo iuri subdidit), y conquistó un amplio territorio a los musulmanes.
[19] Según la Crónica de Alfonso III también fueron los moros los que atacaron al ejército franco en Roncesvalles (a gentibus sarrazenorum fuit Rodlane occiso)
[20] La crónica de Alfonso III (884) mencionaba a los vascones (Uascones rebellantes superabit atque edomuit) y especificaba que Munnia era una joven esclava de guerra que formaba parte del botín arrebatado a los vascones.
[21] Las citas serían numerosísimas. Se repiten los adjetivos feroces, rebellantes, etc., aplicados a los vascones, y los verbos conquistó (capit), devastó (uastavit), humilló (humiliabit), venció (devicit), dominó (perdomuit), aplastó (contriuit), etc., con sujeto regio y objeto vascón.
[22] Orpustan, Jean-Baptiste, Les noms des maisons médiévales en Labourd, Basse-Navarre et Soule. Ed. Izpegi. Baigorri, 2000.
[23]  Irigoyen, Alfonso,  “Estratificaciones toponímicas de tipo vasco en la Vallée d´Ossau (Béarn)” in De Re Philologica Linguae Vasconicae, V, Bilbo, 1995.
[24] En castellano (RAE) 1. adj. Del color de la tierra, o de la piel del oso común, intermedio entre blanco y negro, con tinte rojo amarillento, y más oscuro que el gris. 2. adj. Dicho especialmente de las nubes o del día nublado: oscuro (que carece de claridad).
[25] Se considera la primera mención a los vascones la que hace Salustio (86 ane-34 ane) relatando un episodio de las guerras sertorianas (…tum romanus exercitus frumenti gratia remotus in Vascones est…), pero no es un texto muy seguro, hay dudas respecto a su interpretación..
[26] Latiegitar Bixente, “Euskera Ueska´ko Urian XIV mendetik XXVII´era”, Euskerazaintza, Nº 45-46, 1999, pp. 12-34: “Item nuyl corredor non sia usado que faga mercaderia ninguna que compre nin venda entre ningunas personas faulando en el algarabia ni en abraych nin en basquenç; et qui lo fara pague por coto xxx soles”




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2017/06/18

EL ESCUDO DE CORELLA




El escudo municipal nos identifica como comunidad y en esté sentido forma parte del patrimonio cultural inmaterial de Corella. Es el elemento gráfico que une a los corellanos a través de las generaciones. Es una de nuestras señas de identidad colectiva.


Fuente: Wikipedia

Todos hemos sentido curiosidad por conocer el origen y el significado de nuestro escudo, y algunos estudiosos se han acercado al tema para intentar aclarárnoslo. Para mí la obra de referencia es el libro Sociedad, nobleza y emblemática en una ciudad de La Ribera de Navarra: Corella (Siglos XVI-XVIII), de los autores Francisco José Alfaro Pérez y Begoña Domínguez Cavero, editado en el año 2003. En este libro, páginas 144 a 168, se trata el tema de los emblemas públicos, en concreto del escudo municipal, y se ilustra con unas excelentes fotografías. Como en cualquier tema histórico, tenemos por un lado un fundamento científico, en base a una documentación veraz del pasado y por otro lado unas interpretaciones. Como las interpretaciones que se dan en este libro, concordantes, hay que decirlo, con la opinión común sobre el tema, no me han parecido convincentes, voy a dar la mía, sin más ánimo que el de que el lector tenga una información y una argumentación para contrastar y  pueda tener su propia idea del tema.


Origen del escudo.

La primera vez que encontramos documentada la imagen que históricamente será considerada símbolo o emblema de nuestra ciudad es en un sello de cera pendiente del año 1305. 

Sello del Concejo de Corella


¿Qué es un sello? Se puede definir como la impronta obtenida sobre un soporte por la presión de una matriz con los signos distintivos de una persona física o jurídica para testimoniar la voluntad de intervención de su dueño. La matriz es el instrumento que se utiliza para sellar, lleva grabados en hueco los signos distintivos de su titular; la impronta, resultado de la operación de sellar, es la huella dejada por la matriz sobre un soporte maleable. Los sellos sirven para refrendar una voluntad manifestada por escrito, como señal de validación de los documentos. Se les atribuye un valor probatorio de autenticidad. Se introdujeron desde Europa en el siglo XII y adquirieron su máxima difusión en los siglos XIII y XIV. Los sellos de validación se fueron difundiendo en sentido descendente desde los estamentos que emitían documentos de carácter público, esto es desde los reyes y personajes rectores de la sociedad hasta los simples caballeros y las comunidades cívicas. Aunque se  conocen también en otros materiales, los más difundidos en la Edad Media  fueron los sellos de cera. La cera, en un principio natural, se podía mezclar con pigmentos para darle mayor vistosidad, existiendo en algunas regiones un código de colores.  El sello de cera se colgaba de la plica por medio de tiras de pergamino, pequeñas correas de cuero, trencillas de seda o cordones de cáñamo.

Sello de Carlos I, rey de Navarra (1327)

Cuando el sello llegó a ser considerado el medio habitual de validación, hacia mediados del siglo XIII en Navarra, las comunidades dotadas de personalidad jurídica necesitan poseer un sello para intervenir en un acta. Como consecuencia de esta necesidad surgen los sellos de las comunidades vecinales, los concejos. El sello de una comunidad local, fundada en la sujeción a un mismo estatuto jurídico y en la posesión de intereses compartidos, expresa entonces su autonomía, su carácter de entidad de derecho público con jurisdicción propia. Es pues el símbolo plástico de una autonomía diferenciada.  

En 1263 todavía había concejos que no tenían sellos como el de Falces, que por esta razón solicitan al alcalde del castillo de Falces que ponga su sello en un documento. En 1329 hay ya un sello de Falces.

En el siglo XIV los sellos de concejo pasan a ser sellos de la villa y a partir del siglo XV el contenido gráfico del sello es transportado a un escudo heráldico.

Siguiendo este proceso se crearon la mayoría de los escudos municipales en Navarra, con las lógicas excepciones. En cuanto a la representación gráfica que los concejos eligieron como signos de identificación  la más común es la imagen plástica de un monumento urbano: un castillo, una torre, un recinto amurallado, un puente…  También los hay que tienen un carácter jeroglífico o parlante, con un figura evocada por el nombre como Estella (una estrella), Aguilar (un águila), Falces (una hoz, falce), etc. En algunos casos se recurre a una imagen religiosa, generalmente el santo patrón o la Virgen. Sólo en un caso, el de Rada (1329), las armas del linaje señorial se incorporan al sello concejil.





Probable sello del concejo de Araciel




Del sello concejil de Corella conocemos dos improntas, una de 1305, en el Archivo Municipal de Tudela y otra de 1328, en el Archivo General de Navarra. Es muy probable, en concordancia con los datos de otros lugares de Navarra, que el concejo dispusiera ya de una matriz en la segunda mitad del siglo XIII. La imagen elegida como representación emblemática del conjunto de vecinos de Corella es ciertamente peculiar, poco habitual: un águila cazando una liebre.

Del libro Sellos medievales de Navarra

¿Por qué eligieron esta escena como símbolo de la comunidad vecinal de Corella?  Aquí entramos ya en el proceloso mar de las interpretaciones.

Empezaré analizando la hipótesis más “popular” hasta el momento. Alfaro & Domínguez la enuncian así: “Sobre el águila los investigadores parecen ponerse de acuerdo en que es el emblema de los primeros señores de Corella tras ser conquistada por los cristianos hacia el año 1119”. Esta hipótesis tiene un punto de partida erróneo, que es analizar por separado las dos figuras que componen la escena que el concejo de Corella eligió como emblema. Si los corellanos de finales del siglo XIII o principios del XIV hubieran querido figurar un águila lo hubieran hecho como lo hicieron los de Villafranca y si hubieran querido figurar una liebre así lo hubieran hecho también, pero eligieron una escena: águila cazando una liebre (o liebre atrapada por un águila, si alguien lo prefiere ver así).

Al hablar de los primeros señores de Corella se refieren a Rotrou III, conde de Perche y su sobrina Margarita de L’Aigle. Rotrou de Perche fue un noble normando que ayudó a Alfonso I, rey de Pamplona y Aragón en la conquista del Valle Medio del Ebro. El rey como premio a sus servicios le concedió el señorío de Tudela y un barrio de Zaragoza. Existe también una carta de donación datada en 1128 en la que Alfonso I dona al conde Rotrou de Perche el castillo y villa de Corella, señalando en la misma los términos de la localidad y los derechos de riego en el río Alhama. El problema es que de esta carta no se conoce el original sino una copia del S. XIII o XIV, (que se conservaba en el archivo de Corella y hoy día está al parecer desaparecida). Según algunos historiadores esta carta de donación es una falsificación realizada en un momento en que la villa disputaba con el Monasterio de Fitero el control de determinados territorios y el disfrute para riego de las aguas del Alhama. Se aduce lo insólito de que en la época de datación aparezcan especificados los términos municipales y las contradicciones internas del texto (se dice primero que concede el castillo y la villa, pero luego se enumeran los términos del castillo: cuius castellum hii sunt termini). Estas falsificaciones no eran extrañas en la época. Se sabe por ejemplo, entre los documentos del mismo rey, que la concesión del Fuero de Sobrarbe a Tudela es un documento muy manipulado que plantea serios problemas historiográficos.  Por otros documentos sí consta que Rotrou era tenente del castillo de Corella en 1132. Pudiera ser que en Corella se manipulara esta circunstancia para conseguir pruebas “históricas” que avalaran sus intereses (los Monasterios también eran expertos en falsificaciones, por otra parte). En cualquier caso Rotrou tampoco fue el primer tenente del castillo pues en 1125 está documentado como tal Fortún Garcés Cajal.

Los tenentes eran nobles a quienes el monarca confiaba la custodia de un castillo y su distrito. Hasta el siglo XIII el reino de Navarra utilizó un sistema defensivo que contaba con núcleos fortificados de pequeño tamaño, pero que servían de centro de control de los espacios circundantes. Las tenencias, pues ese nombre recibían, estaban regidas por un noble que había sido colocado por voluntad del rey. Su función era la de controlar y administrar en nombre del soberano el castillo y territorio que se le había asignado, pudiendo ser removido de su cargo en el momento en el que el rey así lo decidiese. A cambio, el noble recibía el cincuenta por ciento de todos los beneficios que produjesen los impuestos de la zona. Tras el ascenso de Teobaldo I (1234) se producirá un cambio paulatino, por el cual los hombres designados por el rey para la defensa de los castillos actuarán como oficiales reales con un sueldo de las arcas «públicas». A partir de ese momento se hablará más de alcaides y no tanto de tenentes.

No consta que Rotrou usara como emblema un águila: su sello presenta una figura ecuestre habitual en aquella época.



Margarita de L’Aigle era sobrina de Rotrou de Perche. En 1130 contrajo matrimonio con el noble navarro García Ramírez, descendiente del rey navarro García Sánchez III.  A la muerte de Alfonso I, en 1134, los reinos de Pamplona y Aragón se separan. La nobleza navarra elige como rey a García Ramírez, que será conocido por esta circunstancia como el Restaurador. En este proceso el reino de Pamplona abarca todos los territorios que en la antigüedad eran reconocidos como vascones, y con ellos el territorio de Corella. Será en esta época cuando el reino de Pamplona empieza a ser entendido como reino de Navarra (aunque el primer rey que se autotituló como rey de Navarra fue el hijo de García Ramírez, Sancho VI en 1162).

Se dice que Rotrou hizo donación de la villa de Corella a su sobrina  Margarita como dote en su matrimonio, aunque esta circunstancia no está documentada. Como hemos dicho incluso es dudoso que Rotrou fuera algo más que tenente del castillo de Corella. Y ese “honor”, esa jefatura militar que varios caballeros normandos ejercieron en los castillos de la Ribera tras su conquista, no era hereditario.  Aún así Alfaro&Domínguez nos dicen que “En nuestra opinión, la teoría más probable sería la de que Margarita de L’Aigle hiciese uso de algún entalle que portase un águila como motivo familiar y una liebre como motivo decorativo, que juntos mostrarían la fuerza y el vigor del águila como emblema de su señorío, tomándolo después Corella como sus armas, aunque no debemos olvidar la existencia de una laguna documental que iría de mediados del siglo XII a mediados del XIV”. A pesar de tener una estatua en Corella, lo más probable es que esta señora, que fue reina de Navarra entre 1134 y 1141, jamás pisara tierras corellanas, y que tuviera un entalle de tales características es pura fantasía, no se explica de dónde, cómo y porqué lo tomó Corella “como sus armas” y como reconocen estos autores la laguna documental es tan extensa que invalida este tipo de hipótesis.


Margarita de L’Aigle fue la madre de Sancho VI el Sabio, rey de Navarra entre 1150 y 1194 y abuela materna de Sancho VII el Fuerte, rey de Navarra entre 1194 y 1234. Sancho VII es el primer rey navarro (1196) que utiliza en su sello un emblema heráldico: un águila. También utilizó la figura del águila como signum regis para suscribir los documentos reales, inclusive la confirmación de documentos emitidos por su padre. Esta circunstancia ha hecho que algunos investigadores, especialmente Faustino Menéndez Pidal de Navascués hayan elaborado la hipótesis de que Margarita de L’Aigle , el águila de Sancho VII y el escudo de Corella están relacionados.

Dice este investigador: “¿Por qué un águila? Probablemente procedía de la familia de Margarita de l’Aigle, mujer de García Ramírez el Restaurador, madre de Sancho Vl el Sabio y abuela, por tanto, de Sancho Vll. Margarita tuvo un papel fundamental en el desarrollo de la historia familiar. En la imagen, el águila que figura en el sello de Riquer de I'A¡gle, hermano de la reina Margarita. 

Sello de Riquer de Laigle


“Bibliothéque National, París. Sello de cera verde, de unos 50 mm., pendiente de una donación de Riquer a los monjes de Nuestra Señora de la Noë, sin fecha pero no anterior a 1164”.

“Sabemos con certeza que la familia de la reina Margarita usaba como emblema un águila, alusiva al nombre de su feudo normando (L’Aigle, en latín L'Aquila), pues se conserva el sello de Riquer, hermano mayor de la reina, que lleva en su campo un águila de idéntico diseño al que vemos en el reverso del sello de Sancho VII. Además, la entonces villa de Corella tenía en el siglo XIV un sello con el emblema que hoy conserva: un águila apresando una liebre, emblema raro para un concejo que pudo muy bien proceder de un sello de anillo de Gilbert de L’Aigle. Cobra así gran verosimilitud la hipótesis ya avanzada por el historiador A. Oihenart en el siglo XVII y aceptada luego por Díaz Bravo de que el emblema del águila procedía de la abuela paterna de Sancho el Fuerte, Margarita de L’Aigle, que había tenido un papel preponderante en su historia familiar inmediata. El problema de explicar cómo vivió esta señal durante setenta años, desde el primer tercio del siglo XII hasta Il94, no es irresoluble: es muy poco lo que conocemos acerca de las costumbres en el campo emblemático de aquellos primeros tiempos, con la circunstancia además del contacto con usos más avanzados llegados de un país lejano”.

“¿Por qué la elección del águila? Por su concordancia con los testimonios plásticos existentes como con las circunstancias históricas, adquiere gran verosimilitud la hipótesis, ya apuntada en el s. XVII por Oyenart, de que el origen de este emblema se halle en la abuela del rey: Margarita de l’Aigle, esposa de García Ramírez. La suposición implícita de que el águila hubiera sido el emblema de su linaje, que tomó el nombre del pequeño feudo que poseía en Normandía, resulta hoy plenamente probada por el sello de Riquer de l’Aigle, el hermano mayor de la reina. El mismo origen podría tener el emblema sigilar del concejo de Corella, atestiguado ya en 1328: un águila apresando una liebre. Es tema procedente de la antigüedad clásica, muy diferente de los que son habituales en esta clase de sellos, pero muy propio, en cambio, de un entalle de los que se usaron abundantemente en los anillos sigilares de tipo altomedieval: Gilbert de l’Aigle, otro hermano de la reina Margarita, era tenente de Corella todavía en 1157 (nota: Cartulario del Monasterio de Fitero. Volvió luego a Normandía y en 1162 poseía el feudo de Le Lac). Margarita de l’Aigle había tenido un papel fundamental en la historia familiar. Había recibido Tudela como sobrina carnal del conde Rotrou de Perche, de modo que García Ramírez, antes de ser elegido rey, era ya señor de este rico territorio, que de esta manera se incorporó al reino. La madre de Margarita, Juliana de Perche, era prima hermana de Alfonso I el Batallador, lo que sin duda apoyó la candidatura de García Ramírez al reino de Pamplona”.

Sello de Sancho VII el Fuerte

Signum regis de Sancho VII el Fuerte

A las hipótesis de este autor se oponen serias objeciones.

1. No es exacto que el sello de Riquer de L’Aigle sea “de idéntico diseño” ni la “concordancia de los testimonios plásticos” es tan contundente como se pretende. El águila del sello de Riquer, que más tarde sería adoptado por el municipio de L’Aigle en la Normandía francesa, es un águila bicéfala.

Escudo del municipio de L'Aigle

2. No sabemos si el águila era el emblema del linaje familiar o era un emblema personal de Riquer. En las épocas más tempranas de su difusión el sello era un distintivo personal, y la matriz era destruida a la muerte de la persona a quien correspondía. Sólo posteriormente, fundamentalmente con el desarrollo de la heráldica pasarían a representar a los linajes, las familias o las casas. Si los hermanos de Riquer, Margarita y Gilbert, utilizaron sellos céreos no tenían por qué ser idénticos al de su hermano.

Incluso no es seguro que el sello presentado sea del hermano de Margarita. La datación de este sello es posterior a 1164 y según algunas fuentes aquél murió hacia el año 1160 (Margarita había muerto en 1141). Podría tratarse de un hijo de Riquer, del mismo nombre, que vivió entre 1135 y 1176.

3. ¿Qué necesidad tenía el rey Sancho VII de recurrir a un supuesto emblema de su abuela, que por lo demás vivió un matrimonio muy conflictivo con el rey García Ramírez? El águila es un símbolo de autoridad y poder desde la antigüedad, basta recordar que en Roma era el símbolo de Júpiter y el estandarte de las legiones. Desconozco si hay antecedentes históricos en Navarra pero para explicar que Sancho VII eligiera el águila como emblema hay hipótesis mucho más económicas: su oposición al emblema de los reyes de León autoproclamados emperadores de Hispania. Incluso las investigaciones de Faustino Menéndez Pidal sobre los sepulcros del monasterio de las Huelgas corroborarían esta hipótesis. Esta confrontación simbólica del águila y el león la vemos también en la Europa de aquella época en las luchas entre güelfos y gibelinos.


Aguila con las alas extendidas (Museo de Ourense) Formaría parte de un estandarte del ejército romano.



Signo de Fernando II rey de León

4. Respecto al sello del concejo de Corella ¿es necesario fabular sobre un supuesto anillo sigilar de un tenente del castillo en 1157? Observemos que ya no se menciona aquí a Margarita de L’Aigle como señora de Corella. Ni a Rotrou de Perche. Pero como en la anterior hipótesis la laguna documental es demasiado extensa y la argumentación resulta rocambolesca..


Otra hipótesis que también relaciona el contenido gráfico del escudo de Corella con los jefes militares de su castillo, pero en este caso con un alcaide en cierto modo contemporáneo a la creación del sello, es la presentada por Mikel Zuza en su libro Izaga en el corazón, publicado en 2016, cuyo contenido puede visualizarse también en el blog del autor Crónicas irReales de Navarra, en la entrada Tres caballeros en busca de identidad. Este autor parte de la existencia de un conjunto de imágenes en las iglesias de tres localidades de Navarra: Larrángoz, Redín  y Lizoáin. Dedicadas a San Bartolomé, San Andrés y San Miguel, respectivamente, estas tres iglesias, datadas entre finales del siglo XIII y principios del XIV, “cuentan cada una con una portada prácticamente idéntica entre sí, y unos capiteles que muestran a un lado un caballero montado que porta un escudo adornado con una cruz recruzada y vacía, y al otro un águila de hermoso plumaje y alas desplegadas que atrapa una liebre entre sus garras. Tan sólo la portada de Lizoáin se aleja mínimamente de este modelo, cambiando la imagen del águila por la de un San Miguel batallando contra el dragón”. 

Iglesia de Redín
Iglesia de Larrángoz


“Si consultamos el Libro de Armería del reino de Navarra (de mediados del siglo XVI, pero copia de uno mucho más antiguo) vemos que el águila de Larrángoz o bien acabó representando las armas heráldicas de su palacio, o bien ese sentido heráldico era el único que quería reflejar quien ordenó que se tallase en la portada de aquel templo”:




Como podemos ver, esta imagen es bastante similar a la que eligió el concejo de Corella como emblema. Pero ¿cuál es la conexión entre las dos imágenes? Según Mikel Zuza el caballero representado en aquellas iglesias podría ser Juan Martínez de Medrano, uno de los caballeros importantes de su tiempo, que llegó a ser regente del reino en 1328 y que aparece documentado como alcaide del castillo de Corella en 1290. El argumento que sustenta esta suposición es que en el sello de este noble aparece una cruz similar a la que aparece en los escudos de los caballeros de piedra de Larrángoz, Redín y Lizoáin. Pero él mismo explica que no ha encontrado ningún documento que lo ligue a aquellos lugares. Por los datos que conocemos los intereses de dicho caballero y su linaje estaban ubicados en Tierra Estella y la Ribera más que en la zona medio-oriental del reino. En todo caso se entendería mal esta doble “representación”. Si el alcaide Juan Martínez de Medrano hubiera “prestado” sus armas al concejo de Corella, el sello del concejo de Corella hubiera sido una cruz, no un águila atrapando una liebre. 

La argumentación de Zuza hubiera sido menos complicada si hubiera pensado en otro gran caballero de la época, Pedro Sánchez de Monteagudo, que también aparece como alcaide de Corella en 1276 (Julio Altadill: Castillos medioevales de Navarra). Este fue un ricohombre del reino muy favorecido con honores. En 1266 se sabe que tenía en usufructo derechos reales en la Cuenca de Pamplona, la Barranca, el valle de Lónguida, Aibar, el Romanzado y la Zona Media. Y su blasón era “de oro con águila de sable”. Su patrimonio era considerable y podemos imaginárnoslo como benefactor de templos, donde se esculpieran un águila  representativa de su linaje y una escena de tradición románica  que suele denominarse “el caballero victorioso”, muy repetida en la escultórica medieval y en la que la cruz del escudo simplemente representa el cristianismo del caballero, o acaso la cruz de las cruzadas o de alguna orden militar. Sería esta una hipótesis más aceptable, aunque carecemos de datos concretos documentales que la apoyen y respecto al sello de Corella no deja de ser especulativa.


La mayoría de los concejos de Navarra eligieron la representación gráfica de su comunidad con total libertad, y eligieron como hemos visto algo que les pareció representativo de su localidad desde una perspectiva de prestigio, como una torre, un puente, una muralla, o bien un elemento que apelaba a su identidad representada por el nombre. No tenemos ningún indicio para pensar que Corella siguiera un camino diferente y adoptara como emblema propio el blasón de un jefe militar antiguo o contemporáneo a ellos. Hemos visto cómo por ejemplo en el caso de Falces la comunidad acepta el sello del alcaide del castillo cuando todavía no lo tenía, pero al poco tiempo ya poseía el suyo propio. ¿Era Corella menos que Falces? No lo creo. ¿Por qué eligieron una imagen singular, poco común, para representarse? ¿Poco común?

El símbolo del águila atrapando una liebre es muy común en las obras de arte medievales, tanto en el arte románico como en el gótico. En Navarra tenemos también una muestra excepcional del arte hispano-musulmán, la arqueta de Leyre, en la que aparece esta imagen.



Esta arqueta, que se puede contemplar en el Museo de Navarra, es una obra de marfil procedente de la corte cordobesa, elaborada en el año 1004 para Abd al-Malik, hijo de Almanzor. Se desconoce el momento en que llegó a Navarra. Su función original era guardar joyas y perfumes, pero en el monasterio de  Leyre fue usado como relicario de las santas Nunila y Alodia. Se ven representados personajes de la corte, luchas entre caballeros, escenas de caza, animales,… La escena del águila atrapando una liebre  ocupa el medallón central de la placa superior de la tapa. 


Se menciona por los expertos que los motivos que encontramos en el arte románico derivan o están influenciaos por este arte islámico. En Navarra y en general en el Norte peninsular son muy abundantes las imágenes medievales que muestran un águila atrapando una presa, y más en concreto atrapando una liebre o conejo. A este respecto es interesante leer el artículo de Eukene Martínez Lagos, "Un tema iconográfico procedente del arte oriental antiguo en la escultura medieval Alavesa: el águila con presa". Lo puedes encontrar aquí. Aunque el estudio tiene como objeto primario las iglesias medievales alavesas, nos informa de imágenes semejante en el resto de la Península y en Navarra en concreto y también en otros países europeos, Italia, Francia e Inglaterra, y hace un repaso de las diferentes interpretaciones que se han hecho de estas imágenes así como la de sus antecedentes en la Antigüedad. Respecto a Navarra mostraré algunas imagenes, a añadir a las ya mostradas de Redín y Larrángoz:

Claustro de la catedral de Pamplona

San Adrián de Vadoluengo. Sangüesa
San Zoilo. Cáseda

San Vicente de Larumbe
Iglesia de Itsaso (Basaburua)


Este último caso es interesante porque como en el caso del palacio de Larrángoz, visto anteriormente, fue tomado como motivo del blasón familiar de los Ichaso. Esta familia está representada en un escudo nobiliario de Corella, en la casa de los García Arista en el nº 2 de la calle Rebote:



Estos blasones nobiliarios son modernos, de los siglos XVI o XVII, que como vemos reproducen imágenes medievales.

A continuación algunas imágenes medievales en otros lugares de la península:

Iglesia de La Seo en Zaragoza


Segovia



Monasterio de Silos



Yermo (Cantabria)


Como se dice en el artículo citado de Eukene Martínez Lagos la interpretación de estas imágenes ha sido un tema muy debatido. Hay quien piensa que la mayoría de ellas no tienen más que un valor decorativo, ya que en muchas ocasiones no son más que copias de originales orientales y bizantinos que el artista reproducía sin comprender el significado. La autora, por su parte, opina que debían tener algo más que una función decorativa. Dice que incluso las imágenes hispano--musulmanas parecen inspirarse en versos de la época como el del poeta Ibn Hafaga "¿Y qué es el alma del hombre, sino un pobre animal sobre el que planea el águila de la muerte?". Una opinión similar expresa Rudolf Wittkower en el libro "La alegoría y la migración de los símbolos", para quien la liebre simboliza la rápida trayectoria de la vida humana. A este respecto hay que señalar que el águila tenía también su función en algunos monumentos y ritos funerarios romanos, e incluso en representaciones de la cultura íbera.


Estela funeraria romana
Imagen de águila en cerármica íbera

En cualquier caso las interpretaciones pueden ser diferentes según los contextos, algo que se observa bien examinando ejemplos de otros países europeos.
En Italia también es muy habitual este tipo de escenas en la escultura medieval, con la particularidad de que aparece también en edificios civiles. El motivo del águila atrapando una presa se llama aquila afferrante, y cuando la presa es una liebre aquila leporaria.


Iglesia de S. Angustín en Carpineto Romano
Colegiata de Santa María en Amaseno
Castillo de Barletta

Sobre las interpretaciones que se dan sobre esta figura en Italia puede leerse aquí

En Venecia aparece profusamente en unos bajorrelieves llamados pateras, que se encuentran en las fachadas de iglesias y palacios.






Parece ser que estas pateras, que se relacionan con la influencia bizantina en la ciudad, tienen un simbolismo moralizante.


Hay dos ciudades en Italia en las que el águila cazando una liebre o conejo forma parte del escudo municipal. Son las ciudades de Maenza y Acqui Terme. En el caso de Maenza aparece así en un conjunto escultórico en la puerta antigua de la ciudad.


Maenza. Representación del escudo de la ciudad

Sin embargo en la imagen heráldica moderna de esta ciudad no aparece la liebre o conejo.

Maenza. Escudo municipal moderno



Escudo de la ciuda de Acqui Terme:





Este escudo fue adoptado por el municipio italiano entre finales del siglo XIII y principios del XIV. El águila representa su adscripción al bando pro-imperial en la confrontación europea, con gran repercusión en Italia, entre güelfos y gibelinos. En términos generales los primeros eran partidarios de la potestad suprema del Papado tanto en asuntos espirituales como temporales, y su emblema característico era el León, y los segundos eran partidarios de que la potestad suprema en los temas del gobierno incumbía al emperador y su emblema era el Águila imperial.



En Europa hay otro municipio que tiene un escudo prácticamente idéntico al de Corella. Se trata de Kalisz Pomorski, en Polonia, en la región de la Pomerania occidental.






Históricamente el escudo ha conocido otras representaciones:




El origen de este escudo de armas está también en un sello municipal que esta población del noroeste polaco adoptó cuando recibió sus derechos municipales en el año 1303. Allí también son conscientes de la singularidad de esta representación, y como aquí ha recibido diferentes interpretaciones. La interpretación que me ha parecido más convincente desde un punto de vista histórico es la que sitúa el origen de esta imagen en la escena reproducida en el anverso de las monedas de plata (dinares) acuñadas entre 1144 y 1146  por el príncipe polaco Vladislav II.

Moneda polaca 1144



La similitud con el sello concejil y el escudo de Corella es muy grande, pero nosotros no conocemos algo similar respecto al origen.

Volviendo, pues, al origen del escudo de Corella propondré a continuación una hipótesis, que como el resto de hipótesis no es verificable, pero lo que hay que juzgar es si está bien justificada, si es sencilla y si es explicativa.

Hemos visto que en la Edad Media los concejos necesitan crear una imagen que les identifique como sujetos de derecho público, y recurren para ello a representaciones plásticas de su singularidad que en general (aparte de las imágenes de carácter parlante que hacen referencia al nombre) son imágenes de prestigio, comúnmente monumentos o edificios públicos (torres, castillos, puentes,...). La Antigüedad es un elemento de prestigio, y a la par un elemento de unificación simbólica de un colectivo, por lo general heterogéneo, como lo era la Corella medieval. Por esta razón pienso que la explicación a la adopción de una imagen peculiar, no habitual en el repertorio de la época, responde a la existencia de algún elemento de la cultura material de la antigüedad que hubiera pervivido y fuera visible para los corellanos que decidieron crear esa imagen identitaria, pero que con el tiempo hubiera desaparecido. Podría pensarse en alguna imagen de la Alta Edad Media que en la primitiva iglesia o el castillo simbolizara un águila atrapando una liebre, tal como hemos visto en otras iglesias de Navarra, pero los ejemplos que conocemos de Larrángoz e Itsaso son ya modernos, para ellos sí la Edad Media representaba la antigüedad pero no lo veo tan claro para los corellanos de finales del siglo XIII. Podría tratarse a mi entender de alguna imagen de la antigüedad tardo-romana, todavía visible para ellos, como los mosaicos de alguna de las grandes villas que compartían el territorio de Gracchuri, incluso quizás de la misma Villa Corellia, que dió nombre a nuestra ciudad. A escasos kilómetros de Corella se realizó no hace mucho la excavación de la llamada Villa del Ramalete, que dejó al descubierto unos mosaicos de extraordinaria factura que podemos contemplar en el Museo de Navarra.

Mosaico romano de la Villa del Ramalete
Las escenas de águilas con presa son abundantes en la figurativa romana, en ocasiones atrapando una serpiente, u otros animales como la liebre. He aquí algunos ejemplos.

Bajorrelieva bizantino. Constantinopla



Mosaico romano en Moai (Grecia)




Mosaico romano de Cartago (actual Túnez)


Destaco este último mosaico porque la musivaria norteafricana tuvo gran influencia y sirvió de modelo tanto en técnica como en motivos para la ejecución de los mosaicos de las grandes villas peninsulares de la tardo-antigüedad romana. En ella observamos una escena de caza en la que un águila atrapa una de las liebres que huyen. Es una representación naturalística de una escena cotidiana de los domini de las villas romanas. En mi hipótesis una representación similar era todavía visible para los corellanos del siglo XIII y representaba para ellos un pasado lejano y rico, todo lo cual era signo de prestigio para los pobladores de aquella Corella medieval.

He reconstruído digitalmente el mosaico deteriorado con elementos del mismo para que se pueda observar la similitud con la impronta del sello concejil de Corella:


Como he dicho anteriormente esta hipótesis es inverificable. Corella fue totalmente arrasada y destruída por tropas castellanas en 1429. Querían convertirla en un desolado, pero los corellanos la reconstruyeron y siguieron con su escudo. El lector que haya llegado hasta aquí tiene, al menos, más datos para el conocimiento de una de nuestra señas de identidad.



Variantes del escudo


Cuando se menciona la heráldica municipal de Corella se suele repetir la siguiente descripción: Trae de plata y un águila en actitud de atrapar un conejo que corre, en su color natural. Por timbre una corona abierta. El águila era el emblema de Rotrou de Alperche, señor que fue de la villa y quien le dio el escudo. Hay error en el dibujo de las vidrieras de la Diputación, en el que el conejo figura atrapado.
Como hemos visto esta descripción, atendiendo a la imagen original, es totalmente errónea. Tal como dicen Alfaro & Domínguez en su libro, el original sello céreo no tenía color por lo cual los colores con los que elaboremos la imagen del escudo serán siempre a voluntad del artista. ¿Es un conejo o una liebre? Los especialistas en sellos medievales dicen que es una liebre. En el sello original el águila tiene atrapada a la liebre, tal como figura en las vidrieras de la Diputación, realizadas en el siglo XX bajo la dirección de un especialista en la heráldica municipal navarra. Y como hemos visto no era el emblema de Rotrou de Perche.
Dejaré para un próximo post las diversas variantes históricas del escudo y sus posibles motivaciones. A continuación pongo unos ejemplos de estas variaciones que se pueden observar en nuestra ciudad.

€n la fachada del Ayuntamiento
En el interior del Ayuntamiento


A la entrada de Corell por la Cuesta


Escudo "oficial"
En la iglesia de San Miguel


Más imágenes del escudo de la ciudad en las iglesias de Corella en el libro citado de Alfaro & Domínguez. La razón de estos escudos aquí.




Creo que, como se aprecia en este último ejemplo, cada vez se va popularizando más la imagen procedente de Wikipedia. La verdad es que está más próxima a la original que la que hoy se considera oficial.

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